ACICALADO
Borrado aroma de jazmín
hoy te vuelvo a sentir
como nunca antes ayer:
no te esfumes otra vez.
Cambiaste mi nombre
y mis reflejos rotos
por una brisa oscura
de belleza inmadura.
Arriba medio cielo
y una luz dormida
pendiente de la nada.
Abajo un árbol
crece sin raíces
que lo aferren al suelo...
Y en medio la mirada imposible,
imágenes perpetuadas por el sol.
DIECINUEVE
Para ese entonces
estaré marchando entre huracanes
directamente hacia mi perdición...
Ciego sólo el espejismo fosforescente
de tu cuerpo
voy a ver en el vacío.
Para ese entonces
tendré que sacar mis impulsos
del pequeño cofre del centro de mi alma...
Me vas a encontrar
esperándote enfrente del mundo,
con una flor en el saco de la desolación
y las venas en las manos.
Tal vez no habrá lugar para las palabras...
maldita será la hora en que me de cuenta
que me urge besarte.
AUSENCIA
I
(dichos de una sirena a un capitán de barco de botella)
Tus palabras se secan
hartas de invierno
y me fundo en tu lecho,
en el deseo de tus huesos...
con esta brisa que condena
a recordar tu respiración.
Mi voz es el arma
que desangra tus sentidos,
a veces armonía
que adormece tus vacíos
en el triste regazo
de sonetos impíos
que quieren decirte nada...
que quieren decir: “te quiero.”
“Dicen que te vas. Yo me muero.”
Ilustración por Juan Cruz Suárez Pryjmaczuk
II
Botella a la deriva en barco estático.
Un marinero no sueña con agua dulce:
simplemente desea tal vez a la última de las sirenas.
Aunque abra las ventanas afuera no será París.
Aunque baje las escaleras no voy a estar en el cementerio.
Aunque sea desterrada del cielo la tormenta
seguirá mi alma eterna disolviéndose en la tempestad.
Busco alguien más extraño que mi reflejo...
y unas ganas de resucitar.
Que me trague la madera,
ser ajeno a la electricidad,
ser fuego y que todo vuelva al principio,
cuando no te conocía.
Pero no puedo ser un apátrida de lo que siento.
Me he vuelto un ser historia, un círculo concéntrico
sobre mí y por mi culpa.
A presión normal y temperatura constante
mi sangre se fue por el drenaje,
recorre los acantilados cordones de la veredas
de una realidad irrealizable.
Escuché como caía mientras viajaba
en una ida sin retorno,
me rompí los labios no como me hubiese gustado.
Miedo y por eso el silencio y la música más bajito:
todos caminan fingiendo normalidad, pureza y dignidad,
pero el olor a esencias podridas no se puede disimular.
¿Y los roedores? ¿Qué hacemos con los roedores?
Pueden meterlos en una bolsa, arrojarlos en mi cerebro
y que se pierdan, o que se topen
con la bestia desnuda,
que llora cuando se le derriten las manos
por querer abrazarte en tu gélido altar sin estrellas
desde la última vez
que dijiste “nos vemos”.
Yo te llamo.
¿Cuándo?
Cuando tenga tiempo.
Y HUESOS
No sabe que mientras duerme
alguien la está pensando...
no sabe que estando despierta
alguien la está soñando.
No sabe que ha desatado
la más incierta melodía,
que principio ni fin tiene
ni tiene tampoco armonía...
Pero sabe a qué hora desaparece el día
y como hacer desaparecer las horas...
Sabe también que va a encontrarme:
esperando para verla cada tarde
detrás del empañado cristal
que hoy separa su alma de la mía .
EN EL ZAGUÁN DEL VALLHALLA
Sos un ángel, sos un ángel
y te están llamando
así es que tenés que dejarme
sin siquiera haberme conocido...
Pero no voy a extrañarte
porque descubrí que el mar
trae la brisa que lleva tu nombre.
Es probable que no vuelvas
o quizás que nunca te hayas ido...
¿Acaso fuiste una hermosa ilusión
bajando las escaleras?
¿El sueño de una noche?
Vos sos un ángel
y yo barro revuelto
obligado a ser hombre.
Te están llamando.
Fue un placer.
SOLO DE VEZ EN CUANDO VUELVE
Yo no sé por qué nunca me gustaron sus ojos,
tal vez porque me recordaban
a las tormentas de mi niñez.
Yo no sé porque nunca me gustaron las tormentas,
tal vez porque los truenos
caían presagiando su mirada.
Perdimos el color
como una gota de vino
que se diluye y desaparece
naufragando en un vaso de agua.
Perdimos el color como el humo que se expande en la niebla.
Nos perdimos.
Y me escribió en violeta "siempre"
con una birome cínica que reía
y que nada sabía de promesas
sobre una filosa y pálida hoja
que hoy grita en el placard
herida de sal y muerta de olvido.
A DIEZ DIAS
Las nubes se ciernen sobre mí, como ocultándome del sol,
como queriéndome proteger del cambio de estación
que todos los años se lleva mi sangre
a pasear por otros delirios y mares innavegables.
Pero ella llegará, irremediablemente y con perfume,
con manos tibias y ocasos tardíos,
con un vestido de lloviznas floridas
y los brazos repletos de gorriones chiquitos.
Llegará con su veintiuno de septiembre
entre algodones de azúcar y caramelos,
sobre el rocío de las damas de noche
jugando al arco iris con lunas y cometas.
Y yo que soy el patriarca del silencio
no sabré qué decirle ni cómo mirarla...
Y yo que no sé si estaré cuando llegue,
no quisiera irme sin que antes me viera:
quiero regalarle mi inocencia.
¿Quién dijo que yo estaba hablando de la primavera?
No... yo simplemente hablaba de ella.


